La conurbana contigua, recorre la mies sin tino, cela su
designio, sobre la vara, el balago hacinado empolva la chambra añil en el
descanso sobre el otero la muña ceñida al cuerpo jadeante conforma una ochava,
los regatos níveos desaparecían por su derrama regando los orondos cotorros que
sobresalían de la blusa de franela, la saya remangada abandonaba a la vista
unas medias de lana llenas de argañas, la vaguada hirsuta refulgente de un pie
de largo, plañía lluvia inguinal, sobre la abaleo, el erizo de retama, cual
alcancía adherente arrastraba la farfolla cual viendo dentado, tornadera
desigual, de bozo de púa, aventando el bálago la tarde bochornosa, evaporaba el
efusión que recorría los perniles de la zagala, la parva seguía rozando, la
fanega de trigo ya casi estaba trillada la cortina, de parapeto omiso albergaba
el henil, sitio capaz laxo sobre tálamo hirsuto resguardado de miradas importunas,
el céfiro cierzo hálito flemático aventó la broza, los comarcanos empezaban a
vislumbrarse sobre la ladera el tamo holgado
tenía que finiquitar, la lindante, afolló la enagua, tomó la
tornadera y se despidió del rapaz, de ocelos color miel, el olor acre se fue
difuminando según volaba el polvo del abaleo, la mies le llegaba a la corva, ya
se cuidaría, la vecindad ya llegaba, el trabajo proseguía sin rastro de la lúbrica
hazaña vivida por la pareja aquella sobremesa de estío.
viernes, 19 de enero de 2018
lunes, 13 de febrero de 2017
CARTA
ABIERTA II:
“si has
visto a tu amigo diciendo adiós, alégrate.
Deja
que tu alma se alegre por el que está lejos,
Porque
puedes desear su pronto retorno.
Y el
corazón del que te despides volverá a ti.”
(Jeque
Nefzaqui).
-El
âddad, la bermeja hinchada oquedad carmesí, sublimaba un chorrillo níveo craso,
los belfos húmedos babeaban el néctar baboso sobre el Príapo laxo, la crin
güera ensortijada se enmarañaba el flujo
serpenteante, el vomito deletéreo nubló los ocelos color miel, la mordedura del áspid maléfico, congestionó
los sentidos del inexperto bruto
rabadán.
Hoy
pronta la ilusa ilusión del que guía la rústica piara, montero campestre que
hallo en frágil doncella, nueva quimera ilusa, hoy después de sanar la mordida
de las fauces melosas, hoy vive fantaseando
el delirio que la quebradiza hembra Marcelina, le ofrece, siendo feliz
de nuevo su báculo, cayado que asienta el tropel de lebreles alvinos, vive
simplemente pariendo pensamientos en tamaña floresta, la utopía, quimera fabulada,
de la endeble pitusa, le alegra sus ocasos solitarios, la alforza del ánima
evocación de antaño, hoy calmado por ninfa flaca, alba soledad noctambula, de
iluso bruto burdo.
-El Feurdj,
la raja cortada, rendija ilusa delirada por cautivo, hechizo dorado de
fabula antaño olvidada, fisura rasurada peñón libre del piorno abrasivo, cobijo
del imposible armonio, pelele para tardes de lluvia, armonizando la dehesa
junto al avellano, olores a tierra mojada justo en el ocaso, una tarde
cualquiera de finales de invierno.
El bermejo
batidor se encontró con Dios dos segundos después de la explosión del néctar tórrido,
escanciado en la boca, belfo humeante de brebaje, paz de aquel lacero lacerado
por la ilusa pécora güera, durmiendo al abrigo de la hendidura recortada abierta
al valle de los avellanos.
-El
keuss, matrix, útero orientado a palomar devastado, vano que antaño hurgara la límpida doncella, oquedad pétrea de ella, engracia, urea cálida
orientada al orto levante, velo suculento de araña ancestral mancillado por rudo burdo batidor,
neto brotado entre culantrillos cetrinos, sed saciada a sorbos míseros libando
el brebaje primario, bejín diamantino menopáusico
mohoso, breña que tapa el belfo de la santa, siendo en tardes de lluvia cobijo
de bestias, mirador al chorreado regato peonia
con vaho rosado en corolas carmín, hiedras enredándose por perniles de fresno,
otero baldío sobre la boca del túnel, que al oteador descuidado le pasa
desprevenida la entrada.
Me hallo
mirando la flora un día más…
-El
kelmoune, vulva profanada por canero de can famélico, velo roto, menstruación carmesí en fauces babosas de bruto adiestrado,
lance ancestral, la danza de la vida cobra la apuesta el gocho se debate, ha
perdido el juego acaba.
En retalamide
vuelve el silencio.
(J.R.F.)
martes, 20 de septiembre de 2016
BELLA Y BESTIA:
El bruto ávido de arrebato, turbado por la augura perniciosa, se acercaba a la guarida de la arpía güera, la guerrera cuentista de verbo afable que engatusa con sus ocelos añiles a flacos de brío.
La luna llena refulgente, irradiaba la senda, los árboles milenarios proyectaban sus brunas sombras, el corazón del bruto tronchado bombeaba la linfa viscosa de la bilis.
La expiación, la oblación, la expiración, todo sucedió en pocos momentos, la inhiesta espada de témpano nublo los fanales de la pupila alvina, tiñendo de carmesí la fronda floresta la sibila dormía, el sueño placido, su magia no pudo augurar la ira del bruto que impregnado del fluido escarlata, la serosidad, plañía sentado junto al finado ser afable que un día fuera la doncella bermeja.
Léxicos de Agur, Oráculo de este prójimo. Me he fatigado, y estoy agotado.
Nadie hay más necio que yo, no tengo juicio humano.
No he aprendido gnosis.
¿Quién enclaustró el céfiro en su puño? ¿Quién recogió el mar en su vestido?
¿Quién estableció los confines de la tierra?
La sanguijuela tiene dos retoños. Hay tres cosas que nunca se hartan:
Sima, bandullo infructuoso, tierra ávida de agua y fuego que nunca se harta.
Los grajos le sacarán los ocelos y será devorada por los abantones.
El rastro del águila por el cielo, el rastro de la serpiente sobre la roca.
Arpía que caza marido, de paso garboso y de airoso caminar:
Sí, hiciste el tonto presumiendo y has reflexionado, cierra la boca;
El albor pillo a las tres figuras en una quimera feroz, dos cuerpos abrazados zainos de suspicacias flemáticos, sobre un almarjal púrpura la infanta blonda sentada sobre su taca-taca, jugaba con su muñeca de trapo su nombre era pruna, pruna cetrina.
J. R.F.
El bruto ávido de arrebato, turbado por la augura perniciosa, se acercaba a la guarida de la arpía güera, la guerrera cuentista de verbo afable que engatusa con sus ocelos añiles a flacos de brío.
La luna llena refulgente, irradiaba la senda, los árboles milenarios proyectaban sus brunas sombras, el corazón del bruto tronchado bombeaba la linfa viscosa de la bilis.
La expiación, la oblación, la expiración, todo sucedió en pocos momentos, la inhiesta espada de témpano nublo los fanales de la pupila alvina, tiñendo de carmesí la fronda floresta la sibila dormía, el sueño placido, su magia no pudo augurar la ira del bruto que impregnado del fluido escarlata, la serosidad, plañía sentado junto al finado ser afable que un día fuera la doncella bermeja.
Léxicos de Agur, Oráculo de este prójimo. Me he fatigado, y estoy agotado.
Nadie hay más necio que yo, no tengo juicio humano.
No he aprendido gnosis.
¿Quién enclaustró el céfiro en su puño? ¿Quién recogió el mar en su vestido?
¿Quién estableció los confines de la tierra?
La sanguijuela tiene dos retoños. Hay tres cosas que nunca se hartan:
Sima, bandullo infructuoso, tierra ávida de agua y fuego que nunca se harta.
Los grajos le sacarán los ocelos y será devorada por los abantones.
El rastro del águila por el cielo, el rastro de la serpiente sobre la roca.
Arpía que caza marido, de paso garboso y de airoso caminar:
Sí, hiciste el tonto presumiendo y has reflexionado, cierra la boca;
El albor pillo a las tres figuras en una quimera feroz, dos cuerpos abrazados zainos de suspicacias flemáticos, sobre un almarjal púrpura la infanta blonda sentada sobre su taca-taca, jugaba con su muñeca de trapo su nombre era pruna, pruna cetrina.
J. R.F.
viernes, 22 de enero de 2016
MITESORRROOOO:
Ssssiiii,"
Tesoro, mi tesoro", nos lo robaron, nos imputaron infortunio, nos acusaron
de calumnia, ellos nos lo robaron...
Ellos nos dijeron, “Tesoro, mi tesoro”, nos dijeron léxicos, dichos amables, nos atribuyeron “Tesoro, mi tesoro” nos imputaron cargo de culpa, de querer apropiarnos del “Tesoro, mi tesoro”, ellos nos lo robaron, “Tesoro, tesoro mío, mi tesoro”, nosotros no hicimos más que mirar, el tesoro, güero tesoro recóndito, mimo del mimoso engatusado, “mi tesoro” nosotros sí lo observamos, gualda, alargado, bermejo tesoro, nosotros sí lo vimos “mi tesoro”, no somos culpables nos lo enseñaron, “Mi tesoro”, ellos nos calumniaron, tesoro, “ Mi tesoro”.
Acertijos lóbregos, bruna confusión, la del necio, injuria inofensiva velada en verbo de platica afable, imputación de importunación efectuada con blanda plática, sin enojo, reyerta fofa del ladino, acaecida antes de las uvas, malos augurios para un año nuevo, mala praxis del adivino en cueva bruna de orco pútrida, verbo del que se halla en situación de jerarquía, jerarca hábil falto de anhelo, pobre necio infeliz, incapaz de amar a ilusa dulcinea, idealista en fosca oscuridad que afrenta a “Mi tesoro”, no somos nosotros, los que ultrajamos, ellos nos lo quitaron, ellos fueron los que atentamente reprendieron, ellos, sí ellos nos lo quitaron, nuestra ilusión, “Mi tesoro”, fueron ellos, ilusos nosotros al platicar palabros sacados del corazón, “Mi tesoro”, fueron ellos los que nos bregaron, eso sí con verbo quedo, sí fueron ellos, “MI TESSSOOOORRRRROOOOOOOOOOOOOOOOOO”.
Juramos "Tesoro, mi tesoro", juramos servir, servir a la ama, la ama del TEEEESSSSOOOORRROOOO....
Ellos nos dijeron, “Tesoro, mi tesoro”, nos dijeron léxicos, dichos amables, nos atribuyeron “Tesoro, mi tesoro” nos imputaron cargo de culpa, de querer apropiarnos del “Tesoro, mi tesoro”, ellos nos lo robaron, “Tesoro, tesoro mío, mi tesoro”, nosotros no hicimos más que mirar, el tesoro, güero tesoro recóndito, mimo del mimoso engatusado, “mi tesoro” nosotros sí lo observamos, gualda, alargado, bermejo tesoro, nosotros sí lo vimos “mi tesoro”, no somos culpables nos lo enseñaron, “Mi tesoro”, ellos nos calumniaron, tesoro, “ Mi tesoro”.
Acertijos lóbregos, bruna confusión, la del necio, injuria inofensiva velada en verbo de platica afable, imputación de importunación efectuada con blanda plática, sin enojo, reyerta fofa del ladino, acaecida antes de las uvas, malos augurios para un año nuevo, mala praxis del adivino en cueva bruna de orco pútrida, verbo del que se halla en situación de jerarquía, jerarca hábil falto de anhelo, pobre necio infeliz, incapaz de amar a ilusa dulcinea, idealista en fosca oscuridad que afrenta a “Mi tesoro”, no somos nosotros, los que ultrajamos, ellos nos lo quitaron, ellos fueron los que atentamente reprendieron, ellos, sí ellos nos lo quitaron, nuestra ilusión, “Mi tesoro”, fueron ellos, ilusos nosotros al platicar palabros sacados del corazón, “Mi tesoro”, fueron ellos los que nos bregaron, eso sí con verbo quedo, sí fueron ellos, “MI TESSSOOOORRRRROOOOOOOOOOOOOOOOOO”.
Juramos "Tesoro, mi tesoro", juramos servir, servir a la ama, la ama del TEEEESSSSOOOORRROOOO....
J.R.F.
jueves, 14 de enero de 2016
SANGRE Y ARENA:
Turbio, es el mañana, del reo difamado, culpable del cortejo, la áurea aurora, da paso al desagravio del romántico, cautivo de ardides de primorosa ataujía, la hembra, güera aquel día de antaño, la plática de verbo cortés vació su designio sobre iluso soñador, lacerado al recibir tan inesperada estocada, bruto herido sangrando en la arena del coso, estertor de último hálito, yacente impasible al alba, orto precoz, de yermo ilusionado, que el pretérito, aquel que reminiscencia narcótica da por hecho que fue bueno, fárrago mental del iluso al soñar, anhelo glaciar de la desmemoria, aquel que querellaron de ignominia, por descobijar su ánima ilusa, la mañana se alza brumosa, el espejismo de la cognición, monstruo producido por la bruna noche, al clarear el día facilita la dicción del manso, envistiendo a la figura blonda que sujeta el capote, diestra corneada por dócil astado, muerte inesperada, por mala praxis, plañido de albero carmesí, pecado de aquel noble bruto que envistió la diestra figura fuera del capote.
La lucerna áurea albúmina de la mañana del reo conducido al patíbulo, garrote del iluso ilusionado, novelero ejecutado por imbécil, la proximidad de la fría cárcava hoy húmeda, sin la posibilidad de la divagación, acude una última idea al burdo bruto, y piensa en ella, lo indultará.
El telón cae en la áurea aurora, la nada, ya el bruto no existe.
J.R.F.
Turbio, es el mañana, del reo difamado, culpable del cortejo, la áurea aurora, da paso al desagravio del romántico, cautivo de ardides de primorosa ataujía, la hembra, güera aquel día de antaño, la plática de verbo cortés vació su designio sobre iluso soñador, lacerado al recibir tan inesperada estocada, bruto herido sangrando en la arena del coso, estertor de último hálito, yacente impasible al alba, orto precoz, de yermo ilusionado, que el pretérito, aquel que reminiscencia narcótica da por hecho que fue bueno, fárrago mental del iluso al soñar, anhelo glaciar de la desmemoria, aquel que querellaron de ignominia, por descobijar su ánima ilusa, la mañana se alza brumosa, el espejismo de la cognición, monstruo producido por la bruna noche, al clarear el día facilita la dicción del manso, envistiendo a la figura blonda que sujeta el capote, diestra corneada por dócil astado, muerte inesperada, por mala praxis, plañido de albero carmesí, pecado de aquel noble bruto que envistió la diestra figura fuera del capote.
La lucerna áurea albúmina de la mañana del reo conducido al patíbulo, garrote del iluso ilusionado, novelero ejecutado por imbécil, la proximidad de la fría cárcava hoy húmeda, sin la posibilidad de la divagación, acude una última idea al burdo bruto, y piensa en ella, lo indultará.
El telón cae en la áurea aurora, la nada, ya el bruto no existe.
J.R.F.
sábado, 19 de diciembre de 2015
EL
FANTASMA DE LA NAVIDAD:
La
abandonó en el catre no miró atrás, salió puerta afuera abandonó la casa blanca, las rejas blancas de
fuelle cerradas sobre las ventanas de aluminio blanco, y la señal de aviso a
los ladrones de una compañía de seguridad, bajo esta un pequeño tejadito, el
pequeño porche que en la esquina izquierda daba a un jardín con palmeras, atravesó
a grandes zancadas los pocos metros que separaban de la reja blanca de laminas
horizontales y salió a la calle, a la
derecha, la señal de aparcamiento prohibido situada en el muro de entrada junto
al buzón de forja blanco, por encima del
contador de la luz, cerró la puerta tras de sí y se fue yo diría que en
dirección Este.
La reja
de piedra ferreña, dio paso a otra más baja de ladrillo de cara vista, la joven
madre que empujaba el coche de una pequeña criatura lo miró desaprobadora, un
infante como de diez años corría tras ella pasando su joven mano por una reja
de brezo bajo la farola junto a los contenedores, su
cabeza daba vueltas, no podía o no quería pensar que la hubiese fallado,
ya la llamaría mañana desde su casa, al sonar el despertador regresó al
monótono día adía, de su humilde existencia aquella navidad seria igual a las
anteriores.
La
oficina de correosa a la altura del número diecinueve, a la izquierda de la
calle enfrente las vías del ferrocarril que transcurrían detrás de una cerca
metálica, mantenía aparcada una
furgoneta amarilla de reparto, junto a dos motocicletas, cuatro contenedores de
basura en el margen derecho poco más allá de los indicadores direccionales de
la calle, era una calle de dos direcciones, separada de una tercera por una
acera donde se observaban dos plataneros de sombra gigantes, pasó el paso de
peatones por delante de la furgoneta de la telefónica, y entró en la oficina, recogiendo
aquel paquete postal, enviado desde su pasado, salió y tomó dirección a la
pequeña rotonda situada a su izquierda, para regresar a casa.
La
noche siguiente alguien llamó a su puerta…. La bruma fosca inundó de pronto el
pasillo de la casa y su memoria viajo a un pasado incierto, desde que murieran
sus padres y se fuera distanciando poco a poco de su hermana, a pesar de vivir
en su mismo edificio, Ebenezer scrooge, se convirtió en un viejo huraño, apenas salía de casa, la pereza y la apatía colmo
en la fobia a la multitud, solamente cuando le llegaba ya cada vez menos un
aviso de la oficina de correos tornaba calle abajo, lo recogía y sin perder tiempo volvía a su hura, la imagen
nítida de aquella gualda rapaza entre la calima fosca frente a sus ocelos
pitañosos, lo hizo trasladarse a aquellos años de antaño, aquellas navidades
que en tiempos pretéritos disfrutaba junto a su sobrina, ataviando el árbol de
regalos y pensando en la güera amiga de su juventud, la misma que hoy tenia
junto a él, manoteó entre la densa niebla pero el humo campó en derredor de la
ánima, empero no desapareció. La figura de la sobrina junto a sus padres
aquella navidad del tiempo pasado, le hizo recordar en que era él el que facturaba
antaño ilusiones en forma de postales y repartía felicidad.
Las campanadas
de la puerta del sol retransmitidas por televisión lo volvieron a su realidad,
la luz volvió, y ni rastro de la aparición, sobre la mesa un paquete envuelto
en papel de regalo, con una rosa roja encima, lo desembalo azarosamente en el
interior unas bragas rojas de la talla cuarenta y cuatro, sus lagrimas mojaron
la intima prenda, era la ropa interior de la exánime,
blonda, imprudente, la prenda que le regalo en el año quince, las hadas de la
navidad trajeron más que recuerdos le retrotrajeron por un momento a su
infancia, lloro y rió, y finalmente brindó al compás de las campanadas de la
puerta del sol, ya sabía que la pitusa blonda estaría con él siempre….
J.R.F.
miércoles, 18 de noviembre de 2015
Eme aquí
un dilema me atañe, siendo nublado de mente, el porqué de lo ocurrido, hoy hurgando
en el olvido de un tiempo pasado ya antaño.
Más triste
me hallo lloroso, dilema tal me acongoja, una amiga, y la otra “loca”, dulce,
mi querida idolatrada, yo ingenuo me hallo en la inopia, me intriga la pendencia
establecida, que hechos sandeces o
soeces llevan a tanta desazón, siendo vuestras hazañas los jueces.
No entiendo,
ido me hallo, la una “loca” cuerda la otra, disputa tal me acongoja.
Yo ingenuo,
idealista me hallo alcahuete sin saber a qué palo he de volver como puta por
rastrojo.
Demente
la una, la otra idiota, la una mi utopía, la otra amante velada, me siento
entre dos frentes, sin saber a qué corriente vele mi alma cansada.
Que si
la una alucina, con sus cosas matutinas, la otra torpe que enviste a capa tan
poco propia que teniéndola una “loca” embiste cual Victorino.
Nada más
me despido presto, sin que me halle tranquilo, si hay alguien que entienda lo
escrito, me lo esplique y yo tan fresco hago un croquis del escrito.
Un saludo
a los lectores y hasta otra, compañeros.
Javi.
miércoles, 11 de noviembre de 2015
MEMORIA
DE UN DESMEMORE:
Mísera
misiva que araña renglones disléxicos de mano temblorosa, trozo de ánimo
manuscrito aliento vomitado en tinta
azul de bolígrafo añejo, símbolos arañados en níveo folio de papel , palpito de
armonio latente, espectro de un pasado antaño olvidado, fábula arácnida de
meretriz gustosa, no solventada, epístola incierta que no supe atesorar,
pérdida de trozo de aliento de pobre, burdo ,bruto, disléxico, que
cuenta con que le facilites una ofrendada jácara, arañón en su tela,
esperando alada presa, yo mientras
espero resuelto, mientras que con amor
plaño lagrimas salobres que empapan símbolos arañados en papel níveo con mano temblorosa, luego aroma a mar facturado en manos del destino, mimo del
pasado perspectiva albergada en el futuro.
Hoy te
escribo esta homilía, para poner en cuenta de tú sensato intelecto, los hechos
a continuación relatados, mi atrevimiento que no es más que el fruto de la
embriaguez del alcohol de ingesta
masiva de la noche pasada, por todo ello te diré, que cuando te canses de él, (el cari), que te
cansarás, sobre todo al tener en cuenta las desavenencias con la madre que lo
pario, ya es voz populi en toda la aldea, sin más fruto de la embriaguez del
saber que afloja la locución de este pobre viejo burdo, que al parecer necesito
de tú enjuta figura, frágil, de coqueta traviesa párvula, para levantar mi ya
olvidado libídine, sabré recompensar con hechos tan osadas palabras”.
Esta
historia es una historia que alguien me conto en una barra de un bar, un pueblo perdido en el noroeste de la península,
una aldea castellana en medio del calor estival sofocado a tragos de cerveza.
El embozo
áspero de lino blanco cubría las zancas de la zagala.
La
bermeja mata del triangulo de su cuadril ensortijado, cubierto de la minúscula
prenda translucida, dejaba entrever, el abultamiento de su belfo intrínseco.
El
insecto introdujo su aguzado aguijón, en la mucosa salobre y libo el néctar,
dejando allí su mortecina simiente,
justo en el centro de la flor carmesí de la doncella, despertándola
presto, por el calvario.
Pasaron
dos días, y el níveo flujo de la pústula
que corría por su intimidad fue
aliviado por aquel amigo de antaño, lavando la rosa de Alejandría, con delicada
ternura.
En un
instante el caos se adueño de la alcoba de la infanta, el flujo viscoso se
aliviaba por el pernil de la joven hembra, dejando un gran charco en el suelo,
el muchacho de pelo dorado, apoyo con delicadeza el cuerpo de la fémina en el
catre, separándole las piernas para poder, no curiosear el belfo dilatado, con
su triangulo superior de aquel bermejo
cabello ensortijado, y observo la abertura sin repugnancia, el mucilaginoso
flujo daba paso a una película
translucida granate, la linfa del salobre
flujo.
El
rasurado de un par de días, dejaba entrever bajo la diáfana prenda, una cerda diminuta, de un color escarlata , se intuía
la asperidad del cepillo carnoso en forma de triangulo, triangulo equilátero de
vértice discrepante , el espejo trajo también a mis ojos, un sostén de encaje
del mismo color, dos insignificantes
carnosidades, que cupiesen en el hueco de una mano normal de alguien interesado
en el oficio del exploto, dos aureolas se vislumbraban en el centro debajo del
calado de las puntillas, el catre cubierto con una manta de lana colchonera, de
un equipo de futbol famoso, sujetaba mis rabeles mientras la hembra, daba por
finalizado su ritual de limpieza de un cutis pecoso, de nariz puntiaguda, los
ojos de la zagala encarnados por el plañido anterior, al recordar , como
él, la había aliviado con sumo cuidado,
el pequeño albañal situado entre sus lactas se agrandó con un hipo, de
desconsolado suspiro, en el pequeño cuarto ambarino.
Lívido,
famélico, ávido de libídine, liviano pase las horas diurnas anhelando aquel
ocaso que por alguna razón no acababa de llegar.
Aquel día de principios de septiembre, por fin después de unos días de asueto, en la
que la vi dos veces en jornadas sucesivas pretéritas a la fecha señalada, digo,
la temperatura al sol, era elevada, cuando, con un único, de saya nimia, abrochado por su parte trasera, de color azabache,
llamó a mi portero automático, yo que en dicha circunstancia a esas horas de la
mañana, me paseo solo con lo que el pundonor de personas augustas llamarían
sicalíptico, abrí a la párvula güera,
temblaba, su hipo miasma de desdicha mi
morada, la acompañe en un reflejo iluso a mi alcoba, sobre el catre, libe el
néctar salobre de sus ocelos añiles, mime con mimo su plañido aleatorio, los
ósculos sobre el cuello, resbalaron una
derrama amplia, con el albañal central prieto por un sostén nimio de encaje
escarlata , sobre un lado de la cámara, tirando de la cremallera, se mostró
delante de mi atisbo una prenda diáfana, de puntilla nívea, el plañido de la
zagala pasó en pocos minutos a estertores entre mis manos ilusas, al tacto de
su corta crin sedosa, que daba paso al
belfo carmesí de su pernil íntimo, todo fue como un brindis en navidad, la
efervescencia se desbordó por todas partes, pero al cabo de la mañana la zagala
blonda ya reía, La flor de
la canela, manantial de néctar del que bebí insaciablemente, esencias
afrutadas, fuente ilusa, se abrió dejando sus pétalos al alcance de mi belfo, sorbiendo su néctar y
colmando todo su ser de besos.
Nos pillo sudorosos, pero no dijo ninguna observación, la tarde siguió sin más novedad.
Pasado un tiempo, no nos importó que Maribel, nos observara, , salió
discretamente de la casa aquella lluviosa tarde de noviembre, para que la pareja de maduros amigos, deshiciesen el tálamo,
la lluvia tras los cristales empañados golpeaba rítmicamente al compas de los
envites de los dos cuerpos yermos de edad incierta, los mimos en el lóbulo empapado ,de la meretriz
impronta de la doncella los
nimbos henchidos, de los penachos de sus senos, al ser atajados por las desabridas de estas manos ,quedando expuestos a mis ojos color avellana, como si
fuesen riendas invisibles de aquel galope irregular, los dos húmedos
cuerpos, pujando encima el
desdichado jergón llegando al apogeo, la
nívea linfa del Príapo incido de macho, irradiada en el espinazo de la fémina,
erro rumbo al bandullo de la hembra jadeante.
Maribel,
empapada por la lluvia y muerta de frio,
regresó no sin antes dar un tiempo prudente, media hora, que a su entender era lapso suficiente para que la yunta de sicalípticos y
veteranos amigos hubiese terminado de
amarse.Nos pillo sudorosos, pero no dijo ninguna observación, la tarde siguió sin más novedad.
Hoy al volver a evocar los resonancias de
los andares de aquel día, la aldea no parece la misma, hoy la niebla nubla las
casas de piedra y adobe, la humedad y el frío anidan recuerdos sombríos, anhelando que pase el invierno
para poder disfrutar quien sabe si de su favor, implorando de que su inadvertencia no olvide mis mimos,
ya añejos en mi ilusión.
La homilía garabateada en este folio, es mi
quebranto, anhelo embriagado de recuerdos
preñados de ilusiones rotas…
“O no”.
NOTA DEL AUTOR:
Este relato tiene alguna de mis recitas,
fábulas de mi intelecto, cualquier parecido a situaciones reales es mera coincidencia,
no le des más vueltas, no tiene sentido.
J.R.F.
lunes, 9 de noviembre de 2015
EL
MERCADER DE VENECIA:
Noche tras
noche me acuesto,
Pensando
en la doncella bermeja,
Tomo lápiz
y comento, la utópica ilusión
Sobre pliego añejo rasgueo mi dictamen
Pero luego
me arrepiento,
Pues hay
otro que la quiere,
Y si a
Otelo le paso,
Que celoso
se volvió, regicida de su amor.
Lúcida tras
la aurora, el lienzo lúcido
Embebido
de trincheras escarlatas,
Yacía tras
la aurora, desagraviada
La doncella
pernoctaba.
Bruno,
antojo de desdicha,
Fuliginoso
azabache el hallazgo,
Dudas suspicaces,
cabilas especuladas malditas
Surcos que
hienden el lino,
Tiñendo
de púrpura la alborada.
En brazos
de Morfeo fue hallada,
La execración
de un ingrato emponzoño
El querer
del que la pretendió,
Rondando
noche tras noche el amor
Ponzoña
vil del amigo,
Al que
nubla la ambición,
Que no tuvo
corazón,
Presentando
lo hipotético.
La descubrió
la aurora fría,
Cándida
sobre el cobertor,
Anemia de
expiación expiada,
De hombre
escamado postrado,
A los
pies de la difunta,
Gimiendo,
plañendo y sufriendo,
Enloquecido
frenético roto,
Agonizó
sobre ella en aquel día,
El día
que mataron su amor.
Nada más
os digo adiós,
Y con
esto me despido,
Tener cuidado
por favor de aquellos falsos amigos.
J.R.F.
jueves, 5 de noviembre de 2015
EL AGUARDO:
Velado en
la aurora, circunspecto al acecho prorrogo de alba nublada de mollina tenue,
que mojaba distraídamente al interpelado expectante, barrunto de impaciencia ancestral
de tradición añeja, de ralea pretérita, él sigiloso tras la retama aguardaba la
ocasión aquel día de difuntos, la húmeda binza impregnaba su catadura sutilmente,
una desvanecida limpidez se extendía
ante él, se alentaba tufo a herrumbre rancia de líquenes marchitos de principios de otoño, fetideces que
acostumbraba a ventear siendo un párvulo de manos de su ancestro, cuando llego
de la urbe lúcida, el murmullo del regato, arrullaba su oído, trasladándole a su
primer contacto con aquella acuarela, hoy matizada de ambarinos colores, su
imaginación caminaba de la mano de su antecesor que le contaba hablillas mientras
le enseñaba a vislumbrar los quebrantos calcados en la húmeda fronda ,hechos
que de no haber exánime hoy y siendo la
conmemoración de todos los extintos , podría acrecentar su acopio de cognición notoria,
la situación permuta, de tiempo presente, de percepción de lance anuncio la inmediatez
de la presa, la silueta difusa saltó tras la acuosa visión, la carabina bramo una
sola vez, la cuita del hallazgo del tuso, bruno novicio maldito, detractado mil
veces aforismo de encantada nigromancia , pálido asió al interfecto can de
ocelos vahídos, uno de ellos sobre la ruginosa pradera vapor de un vaho púrpura,
que empapaba la morfología de la escena,
plañido del ser sobre el compañero exánime, el ejido iluminado por una cana luz
iluminó el cuadro, el halito de desagüe dama, acompañada de un frío glaciar, vestida de hábito de óbito, puso su diestra sobre el desgraciado, tomando de
su mano el hirsuto camarada extinto, el
palpito de su ser fue laureado con un
ladrido, noche de ánimas de jácaras que ahuyentan a niños que en ese día se reúnen
ante un pote de castañas en una lumbre, refranes de rancias abuelas que quien
sabe yo soñaré con el lance perfecto, aquel que me lleve a la gloria, saliendo
a la aurora mañana temprano, cuando el orto no raye el cotorro del horizonte, entonces
ya estaré detrás de la retama apostado.
Mujer,
no creas en falaces dijes de viejas, nadie ha corroborado el hecho de ánimas bajo
un estado sobrio, siempre hay un halo de embriaguez en los hechos narrados, ebriedad
de la razón nublada por el amor a la persona exánime, visiones de difícil solvencia,
jácaras para que los niños vayan a dormir temprano.
NOTA
DEL AUTOR:
Todo lo
anteriormente narrado, no pretende influir en las creencias de nadie, solo es
una fábula inventada, que nadie se pretenda dar por aludido, aunque mi agnosticismo
siempre campará por derroteros prosaicos, no quiero inmiscuirme en más el que
quiera entender que entienda.
J.R.F.
martes, 3 de noviembre de 2015
Vista
la necrópolis desde la cantera próxima, daba la impresión de una ciudad de
edificios blancos enanos, sus filas rectangulares, formaban calles perfectas
ubicadas todas de norte a sur, la ventana, del comedor situado a la misma
altura de esta, dejaba ver por su lucerna de poniente, la queda urbe de
silencio, los comensales ya acostumbrados a tan singular paisaje, comían el
estofado que la asociación daba gratis a todo el que aquel día fuese, sin necesidad de ser socio,
la fiesta postrera duró más de lo esperado, saliendo un servidor y los demás
miembros de la junta directiva ya con el sol expuesto, la trayectoria desde el
comedor a la localidad, pasaba a través de la vieja cantera, por su camino de
acantilados múltiples, pozos insondables hoy llenos de cangrejos en sus
ahogados fondos, bajando al regato, donde un puente antiguo, hecho por los
hombres de antaño ya en tiempos pretéritos, daba paso a una calzada que pasaba
por la puerta del camposanto, tapado con un tapabocas de pelo azabache, me
dirigí por ese camino, que inusualmente tomé ese día, pues
normalmente mis pasos caminaban por el camino del sur, mucho más recto.
La aurea
ánima vino a mí entre la fosca niebla, el tálamo cetrino, de abrojos glauco en
otro tiempo, esa noche, plenilunio
bruñido de aljófar níveo, tras la pared de adobe, el silencio del paso
acompasado del espectro, ánima expiación de extintos, diva exangüe de mi juicio, vino a mí hendiendo
filas de pequeños cotorros orientados de levante a poniente, su sudario de lino habito de óbito, vino a
mí, con un ósculo de belfo frío, posó su hocico sobre mi bembo, prendando entumecido mi ser,
sus ocelos océanos añiles sonreirán, luego un ruido de una puerta herrumbrosa
sonó lejana, y la aparición se confundió en la cenceña, la campana dio las
doce, la procesión empezó a su hora, la hilera de candelas remontaba la cuesta
desde la fontana, los difuntos tendrían compañía un año más.
La utópica
visión difusa de la moza, nublada en la bruna noche de occisa celebración,
ánima cándida, de nívea tez, cuerpo
difuso entre la niebla de la modorra de mi ensoñación, magnolia viscosa derrama
de linfa sobre cobijo de gardenias pálidas, picachos nimbos zainos de inhiestos
penachos, sobre el que vertí láctico fluido,
natilla de mi necia estima, narcosis parida de la etílica acción del alcohol, lóbrega
velada
que alimenta el hechizo de la noche de exánimes queridos, antaño olvidados,
solo recordados para brindis ociosos, de cenáculos privados, tú volviste a mí
esa noche, yo yací contigo volvimos a tiempos pretéritos, hoy creo que el
advenimiento de tu humor, sobre mi anatomía, tantas veces realizado en anales históricos,
pretéritos perfectos ya casi olvidados ayer apareciste entre calabazas sonrientes,
volvimos a festejar la fiesta, mañana te seguiré hasta báratro azabache si tú
me lo pidieras, ayer me amaste en mi quimérica embriaguez viví tu corpóreo néctar, olor a vida,” mi vida”,
aromas al recuerdo de pretéritos tiempos
añejos, ósculos en días de difuntos, aromas a flores enturbiaron mi alcoba te
eche de menos regresa a mi lecho, enjalma cálida que te esperará siempre, ayer
regresaste a mí una noche más.
J.R.F.
viernes, 23 de octubre de 2015
SONETOII:
Yermo aguardo de aliento,
Impasible
túmulo excelso,
De la sufrida esperanza,
Del embozo
del aprecio,
Que vela
sueños vedados,
Velos rasgados
de antaño,
Para siempre
recordados.
Resignado
el amante que avizora,
La pertinente
arrapieza,
Sin importarle
las horas,
Soñando
siempre con ella.
Soneto yermo
de aguardo,
Helada
espera esperando,
A la
zagala bermeja.
viernes, 9 de octubre de 2015
DÍAS DE
PESCA:
El
impúber zagal jugueteaba en el tálamo de la vertiente los cadozos atrapados en
el estío, plagados de peces, oficio que
el progenitor animoso garlito en ristre, oficiaba sin darle tregua al hambre
campante en la ralea, el hilo del regato comenzó a dilatar su balumba, ellos
ajenos siguieron pescando.
Desde
la cabina, el subalterno, guimbalete en mano controlaba la efusión, ladino intento de sembrar desasosiego, que el albur siempre retozón
cimbró, el parásito inhabilito la diestra del subalterno por tiempo nimio, el
efluvio torrente impelió no más de unos segundos, volviendo a poner el
degolladero del tablacho, mirando con recelo por la ventana del abismo, no vio a nadie, encendió un chiflo, relajando sus ímpetus.
La luna
llena con su luz exangüe, iluminaba la depresión, los espacios nublosos de
fuliginosas sombras, donde la luz del satélite no llegaba daba a la búsqueda de
la yunta de pescadores un halo de sobria angustia contenida por los allí
presentes, las piedras de granito lúcido lucían bajo los plateados rayos de la
cenicienta diana, las candelas, hachones de la concurrencia iluminaban
resquicios del regato, donde aparecieron los achiperres del oficio de la pesca,
el experimentado ascendiente plañía con un cuerpo de lóbregos presagios, un
bulto oscuro inerte, flácido entre los fornidos brazos de aquel aguerrido
hombre, el personal alumbró la escena de
aquel coliseo, la muchedumbre tácita, sosegada en señal de duelo, las sonajas
de la aldea contigua, esa noche doblaron, la procesión de cofrades trayendo en
las andas el frío finado cuerpo del
zagal, para congoja de la vecindad, toda
la población salió a recibir al interfecto infante, “todos no” él, el hacedor
de la catástrofe embriagado, dormía la moña plácidamente, la noche dio paso al
aurora, llovía, el quebranto del cielo, plañendo por el infante abrumó a los
oficiantes del sepelio, el chiquillo tenia doce años.
La
calígine del camposanto, cubría el
herbaje de un relente perlado de
canelón gotas cristalizadas de virutas coaguladas en el moreno mostacho del
patriarca de un negro enlutado riguroso, arrodillado frente al túmulo del
rapaz, plañía sin consuelo. Tres calles más arriba mirando a poniente, él, el
súbdito imprudente, tomaba como de
costumbre el café en la cantina preferida de este, aquel día por segunda vez en
aquel mes vago, la bruna dama, ciño su guadaña en la figura de un mortal, el
destino quiso que se encontraran frente a frente los dos hombres, el ascendente
triste con su bigote azabache con sus témpanos bajo una nariz que exhalaba
vaho, con el descuidado hacedor de la
tragedia, avanzó sigiloso, la transpiración de su piel subió la temperatura
bajo su abrigo de pelo tostado saco el
alfanje del bolsillo y con mano diestra segó la vida del patán.
Después
treinta años después de los hechos fui a
ver al anciano al presidio, el longevo
de pelo novio, ya sin luz en los ocelos, dos moras que en tiempos pretéritos fuesen
dos luceros ya no reían, la luz apagada
de sus pupilas y sus pintas violáceas, sus bolsas húmedas los surcos de unas
arrugas que cruzaban el ducho pellejo de su faz. El cuarto oscuro de olor penetrante
a desinfectante, entró en mi nariz inexperta, haciéndome recordar mí tiempo en
la milicia, allá en tierras castellanas, la enjalma sobre un catre a la derecha
de la celda, nos hizo las veces de sofá, la taza del servicio sin tapadera,
negra ya por el tiempo y el uso observaba inerte nuestra platica mañanera, el
hombre narraba el hecho de que muy pronto saldría de aquel que fue su hogar en
los últimos tiempos, ya no abominaba al bruto brusco que antaño fue el causante
de tanto dolor, en ese momento, en paz con su serena ánima, solo esperaba la
pronta libertad.
Hoy al
mirar el buzón recibí una carta, una epístola
que anunciaba la esquela, el epigrama, del ya libre rancio compadre, salí en
pos de noticias, llegando con más gente a la pared, sobre el antepecho sobre el
vacio, de la evacuación maléfica, sentado justo sobre la corriente del liquido
elemento, nada más otear nuestra proximidad saltó, el flujo de aguas
turbulentas se llevó su vida, en un salto de noventa metros, todo comenzó de nuevo
hoy también hay luna llena…
NOTA
DEL AUTOR:
Este espejismo,
ilusión de un sueño nocturno, está
novelada, pues fue concebida, en una pesadilla con hechos atroces que di por no
actos, hechos que helaban la sangre, en mi libre acción de escribidor
velé tales hechos, de película, desasosiego
de necios, ciñéndome solo a los hechos, más o menos narrativos de la historia,
mi alucinación siempre en blanco y negro, oscura, representada por actores
iluminados siempre por luz eléctrica, finalizó de golpe, serian las ocho de la
mañana, sabiendo lo cual cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia,
no le des más vueltas.
J.R.F.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
LA
LOCA:
Despierta
la alborada húmeda de aquel día de fosca niebla, la gallega, perezosa,
legañosa, asqueada, sucia, las perlas
del relente ensortijaban su cabello güero, su vestido añil, a juego con sus
ojos un retal ajado por el uso con remiendos aquí y allá para tapar la visión
de las vergüenzas de aquella hembra, bajó por la vaguada hacia el regato,
camino abajo en dirección sur, el angostillo callejón entre cortinas, de foscos
zarzales, intercalados de ortigas, casi le quitan la quimérica utopía de
aquella cavila nocturna, la muerte discreta, efímera, marchó riendo de un mundo
que no entendía, la ignominia de la monomanía extinguida de golpe, la hermosa
zagala bermeja, desapareció entre la bruma, los pensamientos paridos por su
desvarío cubrieron los hechos acaecidos en los últimos veinte años, la paz que
encontró aquel día de principios de otoño le dio animo, erró sin rumbo por la
vaguada, nadie la vio partir, desapareció, esfumada, a nadie le importó, la
gallega partió sola, apenas con lo puesto, hoy recuerdo como pelaba palomas por
encima de la fuente, hoy ella sería mi amiga, partió sola, nadie la vio, yo la
encontré, lívida, desnuda, enmarañada en su breña, con las greñas blondas
cubriéndole sus abultados senos, la tumefacción cárdena de su belfo, indicaba
el finado carácter de extinto cuerpo pálido, la apreté entre mis brazos, plañí
por ella, besé su rostro impávido con ósculo sentido, cerré sus ocelos añiles, llame al ciento doce, la
loca avía aparecido.
Los vocablos fueron avispas, palabras escritas en folios
níveos, platicas paridas desde la monomanía en que tu mundo se convirtió, hechos, vicisitudes, en un catafalco guardo tu rozamiento, tu pelo
enmarañado, y los secretos, tus secretos que llevaste contigo, la urna opaca
rosa de chino en su tapadera, no sé distinguir la sagacidad de la quimera,
sueño, me despierto, abro la caja de castaño, ojeo tus cosas, y vuelvo a la
monótona existencia, la cotidiano de la
rutina monótona, empieza a hacer mella, intento cumplir aquella promesa, te
olvidare mañana, hoy eres mi recuerdo, mi sueño, mi amada amiga, la gallega
turbada, que paria pensamientos, cavilas filosofías de vida antaño olvidadas,
las noches en que el níveo flujo de mi cariño recorría tu espinazo, hoy lloro tu ausencia, los recuerdos atesoran
tu imagen de mujer libre, la libertad de un necio, pero libre en tus ideas,
loca te llamaba la gente y quien no lo está.
Con este fol, levantarei as chamas deste lume
que asemella ó do inferno
e fuxirán as meigas a cabalo das súas escobas,
índose bañar na praia das areas gordas.
¡Oíde, oíde! os ruxidos que dan as que
non poden deixar de queimarse
no augoardente quedando así purificadas.
E cando esta brebaxe baixe polas nosas gorxas,
quedaremos libres dos males
da nosa alma e de todo embruxamento.
Forzas do Ar, Terra, Mar e Lume,
a vós fago esta chamada:
Si é verdade que tedes máis poder que a humana xente,
eiquí e agora, facede que os espritos dos amigos que
estean fóra,
participen con nós desta queimada.
La narcosis
de la embriaguez del espíritu del vino, nubla mi sentir, mi ánima libre imagina
hechos, situaciones quiméricas, de realidades virtuales, la alcoba aparece anti
mis ojos color avellana envuelta en una bruma incierta, el armario de castaño
de cinco puertas al lado derecho, sobrio me oprime, parece abalanzarse sobre la
cama de uno treintaicinco, la cómoda debajo del espejo, con todos sus recuerdos
dentro de la receptáculo del mismo
material, es difuso, la embriaguez nubla la percepción de distancias y figuras,
he creído ver la silueta de mi amiga, será la demencia , una enfermedad contagiosa,
o será el narcótico efecto del aguardiente, no sé toda da vueltas a mi
alrededor, un mareo, algo etéreo tira de
mí, me siento flotar .
La vesania
nunca tuvo práctico, he viajado al mundo de Oz, en busca de perspicacia.
El camposanto,
visto desde aquí, en la brumosa mañana, de relentes perlas de agua, subido en
aquel cotorro, del villorrio, mirando desde su posición elevada la fuente, una
tristeza oprime mi ánima, locura insania de amor, un juego cruel, de la
fortuna, ruleta rusa del destino, hoy he perdido, desde este mundo de Oz, veo a
los demás yendo y viniendo, Oz fagocita las almas de los que caen en él, la
libertad, tu libre pensar que parias en cada platica con todo el mundo, se
libre, loca, lunática mi querida, hoy yo vivo, en este mundo de sueño, todos
los días subo el transido césped sobre tu túmulo, no me desanima, pronto estaré
junto a ti, mi gallega inolvidable, nuestro
epitafio será “dos que la locura los separo, ahora ya descansan”.
El Señor es mi pastor, nada me
falta
En verdes praderas me hace
recostar
Me conduce hacia fuentes
tranquilas
Y repara mis fuerzas, me guía por
el
Sendero justo por el honor de su
Nombre aunque camine por cañadas
Oscuras nada temeré, por que tu
vas
Con migo tu vara y tu cayado es su
Sangre, preparas ante mi una de
mesa
Enfrente de mis enemigos me unges
Mi cabeza con perfume y mi copa
Rebosara
NOTA
DEL AUTOR:
Los hechos
acaecidos en este relato siempre imaginario, son basados en un tanto por ciento
en lo narrado por alguien un día, discernir lo veraz, de la fantasía del escribidor
de la fábula, es oficio del lector, si te sientes aludido, olvídalo, es el
sueño de un necio.
Sin más
se despide ser buenos:
Javi.
jueves, 17 de septiembre de 2015
Los shkes
trataron de luchar contra su instinto, la feer sabia que Christian que
contemplaba el cielo sombrío, también él deseaba convertirse en shkes y unirse a la lucha, la
presencia opaca en la fosca bruma, ataviado en su ser humano, su eterno rival,
su olfato de serpiente ya avía dado con su posición, Jeanne ajena a la
situación entro en su casa, una casa blanca de dos pisos, con figuras aladas a
uno y a otro lado de la puerta, él saco a astarot, el filo de canelón azul, templo la bruna oscuridad de un azulino halo,
“ envaina” dijo el dragón “hoy no habrá sangre”, volviendo a meter en la vaina el
filo de su vaciada espada, se sentó frente a aquel hombre no mucho más joven
que él mismo, las pujanzas antagónicas, llegaron a un acuerdo, no sin antes
sentir un rencor, antaño olvidado, de su atávico legado, ella, Jeanne estaba por encima, la
náyade, siempre seria su pequeña pupila, la huérfana criada entre sus brazos después
de que apareciera de muy párvula, plañendo en el bosque, ese bosque de hayas pardusco y frio
en el norte de aquel mundo, tan diferente a la Tierra, la joven mujer dormía, las
dos figuras silenciosas, dieron sendos ósculos, en el belfo suculento, mimos a la ya echa toda una
mujer, preciada amiga, arroparon el jergón donde dormía la hada, saliendo sin
hacer ruido después de compartir los labios suculentos de la barragana,
debatiendo los pillo la aurora, cuando la náyade se despertó Cristian tenía su
vista fija en un punto más allá del bosque,
sufría, su espada en el suelo inmaculada, no pudo explicar su sufrir, envaino a
astarot, salió volando dejando a la moza pensativa, pero ya conocía a aquel
hombre mitad serpiente, y sabia que él el dragón avía visitado su sueño, se prometió
que la próxima vez estaría despierta.
Él ya
no tan joven dragón pasaba largas temporadas en aquel pueblo del suroeste
peninsular, la Tierra fue cuando estallo la guerra uno de los refugios de su
raza, hoy solo él queda para perpetuar la especie, sabiendo que Jeanne, está a
salvo con la serpiente, él vive cómodo
en su anonimato, el portal al mundo de Septentrión, estaba cerrado, solo él podía pasar el
espejo, su modorra, siesta estival, fue interrumpida, el presagio llegó en la
tarde canicular de agosto, se levantó amodorrado, subió a el altillo miró tras
la luna añeja y no presintió detrás a Jeanne, “ella abría muerto” dijo el
conjuro y traspasó el atrio decidido.
El sucio
hidalgo señor de aquel estado, un humano
de pelo níveo, rollizo, mofletudo, muy dado a la comida a escote con sus
amigotes los isleños cimarrones, ariscos seres hoscos secuaces del inframundo,
las lámparas en los ropones del hidalgo guijarro su nombre evocaba a un tal antepasado, de
tiempos remotos que negando a un amigo tres veces se salvo de una muerta
plausible, ciertamente el rumor, le
llegó sereno, lo pillo por sorpresa, cenando con su doméstica, una fea abrupta
criatura, supo que la magia del bosque seria si perdición, investigo mando a
sus ariscos cofrades, situando el centro de la encantamiento, sortilegio antiguo
de el libro santo, en un lugar donde vivía
una humana blonda, güera, de ocelos añiles como el nirvana , la féerika dormía
la horda funesta atrapó la núbil criatura, trasladándola a las mazmorras del
castillo del conde.
El dragón
volaba subiendo la línea de playa, septentrión lucia un mar azul, su primer sol
ya hacia una hora que había sido su orto, el segundo de sus tres, empezaba a
alborear, de este, llego el ataque pillando a la mítica criatura desprevenida,
la garra de la serpiente alada, se clavo en su ala izquierda, cayendo los dos animales en
un pelotón a un suelo arboleo, el brillo de las espadas tiño el amanecer, las
fieras dieron paso a los hombres, el centellear de los filos al cruzarse, Astarot
de hielo azul, y bader de fuego púrpura, se entrecruzaron una y otra vez, hasta
que las fuerzas de sus portadores se perdieron cayendo de sus manos, ambos
jadeando un sudor de odio ancestro, cuando ya iba el Shakes a clavar su
venenosa mordida en el cuello de él rubicundo humano, vio en sus ocelos color avellana
la imagen de la joven mujer, la féerica los miraba desde una lóbrega estancia, se tumbo junto al humano,
los dos sin mediar palabra, cuando ya repusieron fuerzas tomo el Shakes las dos
espadas, la de el dragón quemo la palma de la serpiente, se la devolvió a su
dueño legitimo se convirtió en animal alado,
hizo subir a su ancestro contrincante a su lomo, pues el dragón no se podía convertir,
pues su ala izquierda estaba herida tomando altura hacia el mediodía.
La maraña
encrucijada de boscaje alrededor del castillo del conde, era celada por la
niebla fosca, el dragón fue apeado de lomos del shake en la almena principal, desatándose
una batalla atroz, los feroces cimarrones, eran engullidos por la serpiente de
dos en dos, el, él dragón sin poderse convertir, india a bader, en las entrañas de la
soldadesca del castillo, en minutos la muerte fue sembrada por doquier, la existencia
del hueco, hinchado, avaricioso, conde, llegaría a su fin, este sonrió con rictus
carmesí cuando las dos espadas, el fuego y el hielo atravesaron su corazón.
La magia
obró el milagro las tres criaturas ya sin odios de ancestros pretéritos, yacían
en aquel jergón, enjalma de amor, compartiendo fluidos los tres a la vez se
amaron simultáneamente, sin importármele presencia del otro, poco antes del primer orto de aquel sol cerúleo,
el dragón despertó a Cristian, “cuídala, cuídala mucho, es mi
amor, te la dejo en tus manos, amala como yo la hubiese amado,” diciendo esto
tomo al hijo del augura de la mano, una hija rubita de cabello ensortijado,
fruto de la sinrazón de la bestia carnosidad del burdo conde, la tomó de la
mano, abrió el portal con su conjuro secreto, pasando los dos, la tierra los
esperaba, aquel destierro para educar a la joven feé seria para él un alivio,
no sin antes dar un beso en aquellos labios tan deseados, los labios del amor
de su vida.
La biblioteca
de guimaré, en un lugar secreto del espacio a medio camino de lo real y lo
ficticio, dio con la adolescente y hermosa hada, desde niña se refugiaba allí,
cuando su padrastro el dragón ponía normas, y leía las historias, fábulas de
aquel planeta, septentrión le parecía tan irreal, tan distinto a su aldea, a
aquella del suroeste peninsular, su hogar desde que tenía uso de razón, pero a
la vez tan cercano, ella estaba protegida, el último dragón avía muerto,
llevándose con él la manera de abrir el pórtico entre los dos mundos, la luna
del espejo, mágico, fracturada y dispersa impedía cualquier intento, la güera púber,
estudiaba las costumbres de aquel universo, donde fue dada a luz un mundo donde
la magia existía, un mundo que alguna vez regresaría.
NOTA
DEL AUTOR:
Al escribir la farándula no pensé en persona,
lugar o ente, cualquier parecido por acción u omisión es solo la coincidencia de un necio, no le deis más vueltas.
J.R.F.
martes, 15 de septiembre de 2015
AÑO
DOMINE 1981:
La pitusa
núbil tendría 10 años, su nombre Jeanne, aquel día aciago, en el que su padre
tomo la bici, corriendo en pos de su libertad sin saber que la párvula ninfa quedaba
presa en la mazmorra de aquel conde, de pelo níveo, panza ancha unos veinticinco años más que la
insulsa pequeña, la noche en el castillo, corría sin noticias del progenitor,
la hora avanzada dio que la servidumbre metiera a la párvula pitusa en sus
aposentos, aposentos que tras la medianoche él propietario de la hacienda, en
un estado sumo de etílica exaltación visitó los aposentos de dicha ninfa de los
bosques del norte.
La obligo
con mentiras, abusando de la prevé ninfa aquella noche su Príapo abusivo exhalo
el níveo néctar en la intimidad de la pequeña aterrada ninfa, tras el hecho él
el conde amenazó a la pitusa de muerte.
Fuese como
fuese él, el conde no podía consentir que la insulsa feerica tuviese linaje, la
limusina esperaba a la puerta del establo antiguo, hoy ya habilitado como
cochera, la amedrentada ama llevaba al
cuello la llorosa moza, el automóvil cerró sus puertas automáticamente y inicio
el viaje por las calles de la ciudad bajando hacia la puesta del sol, Pancracia
Betancure tras observar la intimidad de la párvula núbil llamo a su cómplice, la
enana melliza trajo narcótico como para un caballo, inyectando a la pitusa la inyección
de droga, el ser se cubrió de inmunda
linfa el palanganero, tapiando con algodón el intimo orificio de hembra inexperta.
Tras la
abortara, el viaje a la hacienda del conde, fue un calvario para la núbil criatura,
los baches del camino corroían su interior, Jeanne sufría lo indecible, llegó a
sus aposentos maltrecha, no dijo nada a su progenitor convaleciente del accidente
de la bicicleta, y se metió en la cama, a esa hora en que las meigas salen de sus occisos
aposentos, la flujo de la linfa carmesí mojo los lienzos,
sudarios tal vez a la edad once años, la
fiebre a cuarenta grados centígrados nublo el ser de la niña.
La ambulancia
no tardó la ligadura de trompas inhabilitó a la pequeña para poder tener sucesorias
arrapiezos, hoy
mujer oronda, que intenta absolver al malhechor hasta que una vez al año,
viaja, sufriendo su desdén, él níveo ocioso busca siempre la manera de poner en
evidencia la ánima blanca de Jeanne, llorosa hoy en mis brazos, sufre lo indecible
esperando un consuelo, hoy yo en mi morada, solo
puedo consolar a la desolación personificada, a mi amiga, hoy yo me aprovecho del hecho, yaciendo en el
lecho con ella, sabiendo que su ser estéril no da fruto, a causa del malandrín
ser níveo, pero yo
amo a la pitusa güera.
Mañana será
otro día hoy duermo cobijo a la desventurada, hoy, esta noche de lluvia la paz
del mundo está en el jergón, enjalma nocturna de un ser amable que palpita bajo mi
mano nobel.
La alborada,
nos sorprendió, ella llorosa, yo despierto
el plañido de la hermosa hembra, Jeanne entre mis brazos besando sus
ocelos añiles, alivió su pesar, contándome su historia.
El tañido
luctuoso de la campana, llamando al sepelio, me pillo impróvido, la ilusa bermeja,
tendida en el catafalco níveo, espigada lucía un vestido blanco, símil a la comunión
de una infanta, el halo claro de su geta exangüe, y sus ocelos cerrados hoy
otras veces risueños, añiles como el nirvana, aquella figura tantas veces idealizada que
plañera en mi hombro humilde, hoy sobre tarima sacra, mi ánima desecha anhela
creer hoy más que nunca en una sublime presencia, que se apiade de mis
recuerdos, ella, la rucia hembra, mi amiga tiesa en su lecho nos sonríe, con
belfo cárdeno alegre de esta despedida en la iglesia, la cárcava húmeda del
camposanto, será a partir de hoy refugio de la leyenda el túmulo cubierto de
olvido tapa todo el dolor de la que un día fue mi amiga, ella Jeanne hoy plaño
su ausencia.
Miro la
anciana figura del miserable níveo conde y no puedo por menos hoy en este
funesto día aciago, de no tener lastima por él, su irresponsable acto llevó al
catafalco a un querubín, la ánima de la güera ninfa blonda, volverá a llevarse al difunto conde,
cuando la negación del silencio éste duerma desprevenido.
NOTA
DEL AUTOR:
Todo lo narrado pudo ser verdad, en algún tiempo pretérito,
más yo no tengo constancia del hecho narrado, todas las coincidencias son solo
eso, no le deis más vueltas.
J.r.f.
jueves, 10 de septiembre de 2015
EL
FINAL DEL VERANO 2015:
1. JEANNE BARDÈOT:
Jeanne Bardèot es una mujer adulta de edad
incierta, la crin bermeja, de cerda ensortijada, con bucles solanos, dan paso a
una geta oronda, a pesar de su dieta, Jeanne no está delgada, nadie diría mirándola
que sus dos lactas, estuvieran de no comer, Jeanne no es diríamos que una mujer falta,
es resuelta, afable, de las que cuando platicas con ella se pasa el tiempo en
un abrir y cerrar de ojos, eso que se me olvidaban sus ocelos añiles grandes, avispados,
su mirar que atraviesa con su pupila el ánima del oyente, si digo oyente pues a
su lado siempre se escucha, batidor de su plática afable, tranquila, en dos
palabras es un querubín bajado desde lo la cúspide de alguna deidad apostata de
nirvana eclesial, sus dos razones siempre son absolver lo inconcebible, no sin
antes escribirlo en cualquier medio, y tolerar todo, yo diría que además es un
hada, una prevé del bosque, unicornio
capaz de mantener la magia de el amor hasta su ultimo nirvana sin previo
calentamiento, Jeanne es mi amiga.
2. QUIMÉRICO
El vocablo quimérico (griego:
από 'acullá', κρυφος 'clandestino'; latín: apócryphus),
que originalmente significaba "celar acullá", y luego fue derivando
en "clandestino lóbrego", ha sido utilizado a través de los tiempos
para hacer referencia a algunas colecciones de textos y de escritos surgidos en textos que no han sido incluidos
en el catón.
Según otra acepción, un escrito o documento
"quimérico" es aquel que es indebidamente atribuido a un determinado
autor. No se trata generalmente de una atribución promovida por el propio
autor, sino de que otros atribuyen a determinado autor —generalmente de gran
prestigio— escritos que él nunca escribió.
3.
LOS HECHOS:
Aquel día de principios de septiembre, Jeanne
por fin después de unos días de asueto, en la que la vi dos veces en jornadas
sucesivas pretéritas a la fecha señalada, digo, la temperatura al sol, era
elevada, cuando Jeanne, con un mono, de saya
nimia, abrochado por su parte trasera, de
color negro, llamó a mi portero automático, yo que en dicha circunstancia a
esas horas de la mañana, me paseo solo con lo que el pundonor de personas augustas
llamarían sicalíptico, abrí a la párvula
güera, temblaba, su hipo miasma de desdicha mi morada, la
acompañe en un reflejo iluso a mi alcoba, sobre el catre, libe el néctar salobre
de sus ocelos añiles, mime con mimo su plañido aleatorio, los ósculos sobre el
cuello, resbalaron una derrama amplia,
con el albañal central prieto por un sostén nimio de encaje escarlata , poniendo
el bolso este que evocaba la cabeza felina de un minino, sobre un lado de la cámara,
tirando de la cremallera, se mostró delante de mi atisbo una prenda diáfana, de
puntilla nívea, el plañido de la zagala pasó en pocos minutos a estertores
entre mis manos ilusas, al tacto de su corta crin sedosa, que daba paso al belfo carmesí de su pernil,
íntimo,todo fue como
un brindis en navidad, la efervescencia se desbordó por todas partes, pero al
cabo de la mañana la zagala blonda ya reía,
La flor
de la canela, manantial de néctar del que bebí insaciablemente, esencias
afrutadas, fuente ilusa, se abrió dejando sus pétalos al alcance de mi belfo, sorbiendo su néctar y
colmando todo el ser de Jeanne de besos, la zagala me abandonó a eso de las doce y media.
Hoy al volver a evocar los resonancias de
los andares de aquel día, vi en un lugar, velado por la cortina de la estancia un viejo
pergamino que atribuyéndolo a Jeanne no pude por menos sino leerlo, no hallé palabra
alguna en pío lenguaje.
4.
EL TEXTO:
όταν ήμουν δέκα,
Εκείνη τη μέρα ο πατέρας μουείχε
ένα ατύχημα προς τα κάτω σε κακή ποτάμι, εκείνη τη μοιραία μέρα, ο ίδιος, ο αριθμός, αυτός γίνεται κατάχρηση, Αθωότηταφυτώριο που
βρίσκεται γυμνός στο κρεβάτι του.
5.
CONCLUSION:
Como la
curiosidad mato al gato, heme aquí hoy viviendo mis últimos momentos, el pliego
ponzoña, de bilis de hígado envenenado por mente de harpía hechicera, que al entrar en contacto con mis
dedos primero y luego con mi baba, hoy me hallo aquí en este jergón supino, occiso casi sin halito, mis nauseas son
infinitas, y la borrelita gualda pringa las lienzos, sudarios ya. Hoy rememoro
aquel día, de ya hace en mi memoria tanto tiempo, y sin embargo lo repetiría allá donde me lleve este mal que aqueja mi ser Jeanne ira conmigo.
6. NOTA DEL ESCRIBIDOR:
6. NOTA DEL ESCRIBIDOR:
Los hechos
acaecidos fabulosos en sí, estimulan el intelecto, siendo yo un humilde narrador parábolas tales, todas las vicisitudes narradas
son producto de mi imaginación, o no…
Ser buenos.
J.R.F.
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