miércoles, 11 de marzo de 2015


(+-)= X

Pedante de mí, yo primera persona, la incógnita de un acertijo, de un sueño, eso sí alaga mucho pretender ser el interrogante, el enigma oculto, la sombra sobre el lóbrego ambiente, el secreto mejor guardado, un rompecabezas, un problema, no un problema no, seré más bien todo lo que tú quieras que sea, una ilusa ilusión, un sueño una ficción,  la sombra de una esperanza, una luz en el desierto, una gota entre el roció, el halito del deseo, carámbano en pleno hielo, esclavo loco de amor, se que yo no seré nunca la incógnita que buscas a despejar, la equis de la ecuación, pero a mí me mola un montón,  ser orfebre de tu amor, oribe en mi memoria, igualándote a una joya, yo me ofrezco de joyero, de lo utópico, soñador, de sueños tan deseosos que todas las noches vivo, vivo bebiendo tu amor, crédulo de mi ser si fuese o llegara a ser simplemente el equivalente a un acertijo soñado, siempre en sueños a tu lado viviera bebiendo tu amor, cándido, tonto , ignorante, que soñando en madrugadas, presentes interrogantes, de ecuaciones de romances yo fabulo ser la equis, fantasioso, ingenuo inocente que cuando llega la alborada, de la vigilia el aceite, disimula, cubre protege como si fuese un cero, un cero al cociente, prosigo hablando, platica sin ningún punto, todo junto enmarañado, como un acertijo inspirado en platicas de incógnitas añejas, descuidadas en cajones, de bichos que tocan los susodichos, roen escritos a mano, de gente tan especial, que si no lo lleváis a mal  aquí pongo un punto, pero no un punto cualquiera, pudiese ser un punto y seguido, pudiese ser un punto final, pero este punto no trasgrede, incide, incurre ni viola, norma tacita, y se me ha ido la pelota tratando de insertar coma, como punto y no ha salido, que incógnita soñada, ilusa, de mente tan apocada, exigua e inocente  que sueña cada noche con poner siempre el acento en la equis de tus sueños, narcosis de siesta estival, pobre de mí engreído, pomposo ingenuo , creído soñando sueños prohibidos,  sueños eróticos contigo soñando cincuenta sombras, solo hoy aspira ser la cerrazón de la incógnita una fracción,  de tu corazón herido, herido de desamor, tu ser yermo, baldío, de putadas del pasado, tú amor estéril, desalado, infecundo del querer, pero que aun así pudiese ser, que en mi ilusa ilusión vivas, siendo yo ya sabes que, la incógnita, el acertijo, el sueño, de la ecuación la equis, y la guinda del pastel, he aquí que pongo un punto, ahora sí, luego   pondré que me despido de todos, muchas gracias y hasta otra, que ocasiones tendremos, solo el tiempo sabrá cuando los sueños serán aceptados de forma que vivan en uno como cuando uno lúcido vela, féretro, noche tras noche, me despido y hasta otra gentes, del mundo, que uno siempre quiso ser la incógnita la equis de la ecuación, que se conforma con migajas, necio la equis es otra y yo iluso siempre sueño, sueño narcosis de siesta estival a pierna suelta con apneas de sueños ilusos, sopores calientes engañosos, iluso mi ser se despide  hasta otra compañeros.

J.r.f.

lunes, 9 de marzo de 2015


ANOCHE TUVE UN SUEÑO:

Vino anoche a mi catre, la sombra de la desdicha, del recuerdo la imagen misma, sombra de su ser de hembra hambrienta, famélica de añejos años, vino ayer, platica afásica de sombra bermeja de ojos añiles, fría escarcha de embozo de lienzo de lino, exudación mía de secreción entumecida, vaho  gélido de lóbrega ánima, de ser misterioso que anoche durmió conmigo,  recuerdo reminiscente de años pretéritos, evocación de hembra rechoncha su abundante regazo erguido, turgente de hiniestas cúpulas de nimbos pardos, recuerdo agraciado de festejo lúdico, de danza nocturna de aquelarre Guímaro, aduce la sombra yerma a caricias antaño ardorosas, el frígido tacto de zarpas táctiles huesudas, anoche escarcha recuerdo tirítate desasosiego mío, la hermosa hembra nívea   vino a mi enjalma vestida de albo sudario holgado, recuerdo de mi demencia, embriaguez de mi narcosis, sopor de mi ánimo anhelo de mi esperanza, vino anoche ella, la amiga, la amante el amor de mi inocencia, vino su espectro gélido no de muerte de distante, apáticas caricias vacías, anoche se metió en mi cama, durmió mi   ánimo con ella, gozando álgidas caricias de recuerdos olvidados, mi hinchado Príapo autómata, mojo jergones relegados a recuerdos pretéritos perfectos  de tiempos arcanos que ella vivía más próxima en  casa de su madre, hoy dormí con su recuerdo, exhale jadeos cadenciosos junto a la famélica aparición de ente tan brumoso, boira, fosca aparición que vivimos esta noche como antaño pudo ser, pero acaece que al amanecer, cuando el crestón desafinaba, y el servicio reclamaba el avutardado  expeler, la albar catire dormía inocente como aquel día que en mi recuerdo evitaba,  dormía, ilusorio mi ser que cuando la vuelta di vi el lecho vacio, solo un catre frío después de una noche ilusa, ella vino esta noche viví, bebí su halito en un suspiro, sentí su cuerpo junto al mío,    amamos al amor una vez más sentimos que todo era verdad hasta el misma alborada que alborotó nuestro ser, vivimos, dormimos amamos embriaguez noctambula bucólica que al despertar abandona la claridad del día.

Ame la nostalgia o no pero todo esto paso esta noche, ella y yo vivimos nuestra propia orgia, sin más ya acabo la misiva, epístola bien embrollada, toda junta no separada, fábula, cuento o realidad para quien según su cristal, pero viví, bebí, y amé esta noche vino a verme esperare sonriente muchas noches de vigilia esperando otra ocasión  bien dormido en mi jergón a la bermeja criatura.

Me despido ya pesado, pero vivo bebo y amo a la aparición extraña, y despido ya esta carta hasta otra compañeros, si vivo más hablaremos de pláticas tan placenteras de noches frías de almas viajeras y demás cosas baldías, hasta otra compañeros.

J.R.F.

lunes, 26 de enero de 2015


EN UN LUGAR, UNA NOCHE:

Todo empezó aquel día, en la antigua escuela de las niñas, la pareja de tórtolos entró por el portal en forma de arco de ladrillo rojizo, el portal situado hacia levante, elevado dos escalones del nivel de la calle, estaba frente a la era de la localidad, el edificio blanco de cal incólume,  de varias plantas de altura, aquella noche, de fiesta local, dejaba a aquellos bailarines, en el local anexo, donde antiguamente fuesen las aulas, hoy recuperado como local de ocio y tiempo libre, la gente festejaba el festejo   bebiendo,  bailando, en fin viviendo la fiesta.

Ellos dos ya se conocían de antiguamente, aunque jóvenes todavía, aquella noche no sé si por el vaho del alcohol o la inercia de los hechos, una cosa llevo a la otra, salieron minutos antes de  la juerga, dejando atrás la música, tenían la intención de ir hacia la era, pero el instante de ver la puerta abierta de la antigua casa del maestro, cambiaron de opinión, el cogió a la zagala de la mano, introduciéndola por la puerta entornada de vidrio y hierro, que se abrió de izquierda a derecha dejando a la vista dos o tres metros de pasillo, de frente un muro y a su derecha la cocina, una cocina antigua ,“económica” así llamaban en el pueblo a las cocinas de encimera de carbón,  que en aquella época del año, se mantenía apagada, pero ellos fueron al otro extremo de la vivienda, saliendo por una especie de comedor a un pequeño patio de luces donde una higuera de higos negros frondosa dejaba el fruto descuidado a una manada de estorninos que festejaban quiméricos al  compas de la música, la  luna en cuarto menguante, iluminaba tenuemente la escalera de mano, apoyada en el bocarón de la pared,  en la parte inversa de la puerta de acceso al patio, subieron con sigilo, como furtivas sombras.

Sortearon a varias parejas, vivaces, bultos en aquel suelo de tarima moviéndose rítmicamente, supuestamente en un compas de milenios de antigüedad, llegando a una sala despejada, él cerró la puerta después de  que la fámula entrase en el cuarto, una puerta estrecha con un astillón de algún percance de los años pasados desde que los albañiles de la localidad la pusiesen a prestación personal, el jersey blanco con dos, no se mis recuerdos, no llegan a recordar muy bien a lo mejor tres líneas en zigzags, no recuerdo si azul marino o negro culebreaban en aquel tejido de lana virgen.

La rapaza de pelo albo, de media melena, cuyas puntas se le metían en las comisuras de los labios, sonrió, pasando un inútil pestillo para mantener la puerta cerrada, luego, sacando la prenda por la cabeza dejo a la vista de supuestamente el que narra esta historia, sus dos no sé difusos bustos, él ya acariciaba lampiño inhiesto, ignorante de tales sensaciones, ella guio  su balano en la oscuridad, limpiando primero la eyección del núbil hombre, con una prenda que pudiese ser el zahón de la infanta, después de aquello duro unos quince minutos su éxtasis,   luego la algarabía, y la tele transportación a la fiesta.

Sonaba en aquel momento un bolero de Armando manzanero…

Adoro,

La calle en que nos vimos,

La noche cuando nos conocimos,

Adoro,

Las cosas que me dices,

Nuestros ratos felices,

Los adoro vida mía.

Bailaron, bebiéndose las lagrimas mutua de cada uno, él piso aquel zapato y ella rió, enjugó el  llanto del hombre, y siguieron bailando muy pegados, casi eran una persona en dos mitades.

Adoro,

La forma en que suspiras,

Y hasta cuando caminas,

Yo te adoro vida mía.

Los brumosos hechos acaecidos después en el transcurso de la velada hasta horas indecorosas,  hoy no vienen a mi recuerdo, siento un celaje, propio de una quimera, cuyo desvelo, temo hoy más que nunca, que por falaces oraciones de mi verbo iluso,  hoy viene a mi memoria aquel día en el que el amor con mayúsculas triunfo.

Yo te adoro vida mía.

Hoy vino a mi recuerdo una difusa realidad, y quizás ensueño de aquella noche festiva de hace tantos años, yo ya no sé si son mis recuerdos, reales o fruto de mi deseo, esta noche volví a humedecer mis sabanas blancas rememorando la hipotética velada festiva, recordando a la bermeja pitusa de cabellos ensortijados, que marchara hacia levante con la madrugada del día siguiente, y hasta hoy no he sabido de ella, supe que vivía ahora “ feliz”, en un pueblo con mar, hoy vino a mi recuerdo y llore, recordando su aroma ya difuso en mi recuerdo.

Hoy puedo recordar  con reminiscente evocación hechos difusos, pudiendo narrarlos en   esta epistolar fábula, pero entraría en otra historia.


J.r.f.

viernes, 16 de enero de 2015


SIEMPRE TE SOÑARE:

Hoy te diría cosas, hermosas,

Susurrándote al oído,

 Hablaría de mi amor.

 De que no se dormir por las noches,

Noches que paso velando,

Acariciando, “el chiflo” yerto,

Vislumbro tu cuerpo áureo,

Derramo níveo brebaje,

En noches álgidas solo,

Imito, imaginar el amor.

Hoy me acuerdo del cornúpeta,

Tú en sus brazos abrazada,

Querida, desnuda, amada,

De besos siempre colmada.

Siento que no puedo soñarte,

Siento que tienes que olvidarte,

De este patán burdo bruto,

Iluso que jugo a amarte,

Teniendo consorte en el lecho.

Siempre te soñaré,

Me agasajaré en tu recuerdo,

De salpicadas níveas sabanas,

Añorando recuerdos añejos.

Te digo que soy tu amigo,

Y me conformo con eso,

Desde aquí te mando un beso,

En el centro del ombligo.

j.r.f.

viernes, 26 de diciembre de 2014


CARTA A MELCHOR:

Estimada majestuosa deidad:

Como todas las cartas de todos los niños del mundo, me dirijo a vos, diciendo en primer lugar que he sido muy bueno…

Hoy día veintiséis me enfrento a la gran incógnita del folio en blanco, hoy me acaece el dilema de escribir  una hermosa carta, una carta no para que me perdone mi musa, es una carta que aunque es para una hembra conocida desde siempre, yo no la veía, aunque estaba delante de mí.

Hoy  a riesgo de poner comparaciones, me comprometo, a poner en palabras, no sé si tantas pues seiscientas y pico, sean muchas, pero pondré todo mi sentir en cada una de ellas.

Empezaré por describir a la mujer en cuestión, bueno ella es una muñeca menuda, huesuda, de una estatura incierta si no usa tacones, su crin bermeja lisa, se desliza hasta el final de su espalda, justo donde empieza unas zancas enjutas ligeramente arqueadas hacia afuera, por la parte de adelante siempre de abajo hacia arriba, nos encontramos con su parche, donde se intuye un belfo fino, bajo un bandullo hastío, sus poco acrecentados bultos sobresaliendo de su busto, dan paso a un surcado, largo  pescuezo  que sujeta una contraída geta, de nariz larga, sonrisa incierta, y ojos a medio camino entre vivos y tristes.

Hoy podía contar que la he podido cortejar, en una majada a la luz de la luna, podría decir que conozco sus descarnados  sitios prohibidos, no es cierto, la zagala, siempre ha puesto distancia, quizás por suspicacias  de infundios,  quizás por mí no saber.

Hoy sin querer pongo en mi imaginación a otra persona, aunque prometí no comparar, me es imposible, intentaré que me perdone, la una, porque la otra es un ángel, me pierdo en mis pensamientos infantiles, me es imposible una barda lánguida se interpone en mis fábulas, dejando a la frágil moza huesuda en un lugar ajeno, que no quisiera yo poner un axioma de ella, pero no tengo recuerdos de sus noches, en vela, palpitando su pequeña anatomía, entre mis burdas manos, adulando sus dos penachos pardos, áureas coronados por inhiestas astas afiladas, mis recuerdos se difuminan con la niebla de este día, y se alejan de la mujer, viajan muchos kilómetros, pero centrémonos, para no salirnos del asunto, lo prometido es deuda.

Hoy un día gris no es el mejor pero, intento que la moza menuda, se fije en éste burdo, bruto hacedor de historias, hoy no he podido más que poner por escrito mis sueños, unos sueños que siempre en ellos aparecía otra persona,  espero que ambas sepan leer entre líneas, me perdonen, y pueda yo jugar, no con mi imaginación, que es mucha, sino con su pequeño y enjuta anatomía, una noche de escarcha como hoy.

En un día como hoy, su majestad,  espero premie mi anhelo, que no es poco, y me premie con mi regalo, yo lo agradeceré dejándole a los camellos comida típica de estas fechas, de este que no pide milagro alguno un saludo.

Javi.

J.r.f.

martes, 16 de diciembre de 2014


UN CUENTO DE HADAS:

La crin taheña de la zagala caía en cascada sobre el rostro del hombre que se azogaba en su regazo, la moza acurrucaba a su amigo cuyos estentóreos sincopes movían los dos cuerpos al unisonó, el hombre rubio, castañeteaba sus dientes,  exhalando la ultima savia de su existencia.

La sanguinolenta herida de la espada de hielo, clavada en el pecho del mago, dejaba borbotones carmesí  en la profunda nevada de aquel arroyo que ahora pintado con la linfa encarnada, contrastaba con el paraje níveo.

La punta del punzón de hielo se derretía lentamente  con el último calor corpóreo del mago, la mujer, apoyando el cuerpo del amigo en aquel manto de nieve, acerco su cuerno de marfil a la herida, que cicatrizo de inmediato.

El unicornio, que aunque naciera humana, al llegar a su mayoría de edad y al morir su padre en circunstancias extrañas heredó unos  poderes extraordinarios que fue perfeccionando con el tiempo, ella no podía si no más que dar poderes a otras personas, ella no podía utilizar la magia, aun así lo intento por enésima vez.

El mago ahora libre del tempano que la perforaba las  entretelas, hervía en su interior, las prostaglandinas en el hipotálamo estaban concentradas de manera exagerada.

Los ojos añiles del unicornio ahora otra vez en forma de bella joven pelirroja, plañían de rabia e impotencia, pues se sentía inútil en tamaña afrenta.

Cuando el mago comprendió que su hálito se escapaba en cada una de sus exhalaciones,    acerco su boca al oído de la zagala corroborando lo que ella ya savia de antemano, siempre lo había sabido, sin embargo le gusto que le dijera que él la había amado desde aquel día de ya hacia tantos años, pronto se conmemoraría ya un siglo del día en que el ya mozo, conoció a la adolescente pitusa bermeja, todavía sin saber ninguno de los dos que a los pocos años, ella sería el ultimo  unicornio, y el su amigo el mago tan famoso en que se convirtió.

Maribel, amiga inseparable de la joven unicornio, también poseedora del don de la magia, observaba la escena con tristeza, impotente también, recordaba como pocos días antes aquellas dos personas que ahora yacían en el blanco suelo uno encima del otro, se habían   solazado deshaciendo la yacija en la alcoba de aquella casa blanca de la ciudad.

El último aliento del mago exhaló su aurea ánima sobre el regazo de la mujer unicornio, dejando esta escapar un grito de dolor que rasgo el silencio invernal de aquel tranquilo paraje.

La comitiva de caballeros de folgar,  con sus pendones al viento todos ellos con crespones negros, acompañaban al finado mago hasta la ciudad  abría la procesión el unicornio cogida del brazo de Maribel, su inseparable amiga.

Después de velar al difunto mago, lo trasladaron al túmulo de la sima de aquel camposanto en la cumbre del cotorro con vistas a la población.

El celeste, raza esta que había habitado desde tiempos  inmemoriales en las nubes, y que no se avían dado a la visión de los humanos hasta hacia muy pocos siglos, oficiaba el funeral, con su voz serena, daba ánimos a todos los amigos del mago inerte en el fondo del hoyo.

Después de la profunda náusea,  y mientras el vomito de la taheña mujer unicornio, mientras los presentes cubrían de tierra el túmulo de los restos mortuorios del mago, cogiendo el vientre con las manos, comprendió que aunque ya en su madurez en su interior crecía una criatura, supo de inmediato que la hija del mago y del unicornio podría cuando cumpliese la mayoría de edad, transmitir también la magia, seria a su vez el último unicornio,     esta vez su plañido fue de alegría, levanto sus ojos azules al cielo plomizo, haciendo un guiño a quien ella savia que ya estaría junto a su viejo padre, juntos en aquel universo paralelo, en la cara oculta de la luna.

La pequeña niña nació a los pocos meses, su pelo ensortijado aleño, cubría unos ojos esmeraldas los que la vieron nacer la llamaron acertadamente “Pruna” la pruna cetrina .

J.r.f.

lunes, 17 de noviembre de 2014




Y MARIBEL SALIO:

Se saludaron, la amistad de antaño, les traía recuerdos añejos, no la había vuelto a ver desde el pasado verano, su saludo  de amistosa hermandad,  pronto dejó  paso a un roce inesperado con el belfo de la geta de la aurea zagala, el ápice de ambos se entremezcló explorando los mutuos álabes.
No les importó que Maribel, los observara, la joven, salió discretamente de la casa aquella lluviosa tarde de noviembre, para que la reciente pareja de maduros amigos, deshiciesen la cama, la lluvia tras los cristales empañados golpeaba rítmicamente al compas de los envites de los dos cuerpos yermos de edad incierta, los mimos en el lóbulo  empapado ,de la  meretriz  impronta  de la muchacha los nimbos henchidos, de los penachos de sus senos, al ser atajados  por las desabridas  manos del gentilhombre, de ojos color avellana, como si fuesen riendas invisibles de aquel galope irregular, los  dos húmedos   cuerpos, pujando  encima del desdichado jergón llegando  al apogeo, la nívea linfa del Príapo incido del macho, irradiada en el espinazo de la fémina, erro rumbo al bandullo de la hembra jadeante.

 Maribel, empapada por la lluvia y  muerta de frio, regresó no sin antes dar un tiempo prudente,  media hora, que a su entender era lapso  suficiente para que  la yunta de eróticos   y veteranos  amigos hubiesen terminado de amarse.
Los pillo sudorosos, pero no dijo ninguna observación, la tarde siguió sin más novedad.
Las dos mujeres se despidieron del mozo, pues al alba saldrían de regreso a sus vidas,  un viaje que las llevaría al otro extremo de la península, a la orilla un mar, calmo, una vida llena de sus quehaceres cotidianos, salpicada de dichas y desdichas, junto a aquel hombre que un día de hacia tanto tiempo enamoró a la bermeja joven, separada, tan dolorosamente de aquel cerril  ser.

No volvieron a hablar del suceso, acaecido esa tarde, pero sus caras lo decían todo, luego  a última hora justo cuando se dieron las buenas noches, prometieron que siempre estarían unidos, aunque solo fuesen dos veces al año siempre que pudiesen repetirían los hechos acaecidos aquel día.
Se volvieron a abrazar, los besos ya no fueron de forma furtiva, su efusiva calma, tardando una eternidad en darse las buenas noches, la  despedida ese día fue  la más feliz que se habían dado en los treinta años de aquella relación de amistad, aquella noche soñarían cada uno con el otro,  ya no tendrían que soñar, con hipotéticas relaciones, por fin habían dado el paso definitivo,  la espera hasta la próxima vez, ya no sería incierta,   esta vez seria corta.
Pero el futuro, “El futuro de ver, muy difícil es”, el futuro juega con las gentes a su antojo, quien sabe si en  los días futuros nos volverá a acarrear otra situación semejante, yo te esperaré todos los días de mi vida, y conmemoraré aquella fría y lluviosa tarde de noviembre.
Hasta ese día mi amor,  en la distancia te acompañaré, velando tu ánima en esa necrópolis fría y húmeda.

Hasta el fin de mis aciagos días te amaré siempre.
J.r. f.